Esta sesión comenzó con una localización. Había estado aquí años atrás, pero me había olvidado del lugar. Al ver las líneas verticales de la roca, me sentí inspirado y tuve claro lo que quería fotografiar: un corredor, con una equipación de color vivo, situado entre los tonos neutros de la roca. Estas rocas no forman un sendero típico, ni un lugar por el que normalmente se correría. Es un terreno crudo, irregular y exigente. Cada paso requiere atención, y ese era precisamente el concepto que quería perseguir: un movimiento honesto, con posturas que surgieran de forma natural al avanzar entre las rocas con seguridad y rapidez.
La iluminación desempeñó un papel clave en la construcción de la atmósfera. Elegí deliberadamente fotografiar en un día nublado, ya que la luz natural era suave y cubierta, ideal para mantener bajo el contraste y los tonos uniformes sobre las rocas del entorno. Sin embargo, quería dar un énfasis sutil al sujeto sin imponerse al ambiente. Ahí es donde entró en juego el Elinchrom THREE.
Compacto, ligero y alimentado por batería, el THREE fue el compañero perfecto para esta sesión remota. Nos dio la cantidad justa de luz direccional para hacer que el corredor destacara frente a la piedra, al tiempo que me permitía usar modificadores para mantener la atmósfera natural y melancólica de la escena. Su portabilidad hizo posible movernos con eficiencia entre las rocas, algo clave teniendo en cuenta que el set era un campo de bloques de basalto inestables.
Mi objetivo con la iluminación era mantener un resultado relativamente natural. Quería que el corredor destacara en la escena, pero no quería que la luz resultara evidente o demasiado marcada. La potencia de la luz me permitió dar forma a los encuadres clave y, combinada con la Rotalux Deep Octa Softbox de 100 cm, me permitió conservar una luz suave y natural que acompañara y reforzara la luz natural del entorno. Siempre que era posible, colocaba la luz ligeramente detrás del sujeto, permitiendo que suficiente luz cayera sobre el rostro, pero creando sombras sutiles en dirección a la cámara.
El atleta aportó una mezcla de energía y calma, dispuesto a correr por cada escena una y otra vez hasta que capté exactamente el encuadre que tenía en mente. Había algunas imágenes clave que quería conseguir, pero también dejé tiempo para explorar y encontrar los movimientos adecuados dentro del caos de la piedra, antes de definir la toma y añadir la iluminación.
Decidí mantener deliberadamente el equipo lo más simple posible para poder centrarme en el movimiento y encontrar las escenas adecuadas. Al final, Echos in the Earth no trata del equipo ni siquiera del acto de correr; trata de la relación entre el cuerpo y el terreno. Trata de mostrar escala, quietud y movimiento al mismo tiempo. De recordarnos que la tierra guarda historias, y que cuando nos movemos a través de ella, pasamos a formar parte de esa historia.